
Cuando Pablo recibió la noticia de su partida lo tomó con calma, hasta no parecía sorprendido. La muerte repentina de José, con apenas cuarenta y ocho años de edad obviamente era prematura, casi absurda. Una persona joven y tan llena de vida como él, reconocían cada uno de sus compañeros, cuando intercambiaban la información.
Pablo había dejado atrás la Empresa que compartieron durante unos años, por un cambio de aire, pero no perdió el contacto con algunos de sus viejos compañeros incluido el recientemente fallecido. De hecho, la amistad que habían construido con José fue desde casi el inicio de conocerse, en una capacitación en la Bodega que representaban. La mantenían con reuniones para almorzar juntos cada vez que este último visitaba la planta de envasado, ya que el manejaba un equipo de ventas en el Noreste del País desde su Rosario Natal. Luego de un tiempo, ambos coincidieron en la Distribuidora que la firma tenía en Capital y formaron equipo. Un equipo que además de las responsabilidades profesionales, la extendían a lo personal. Pablo recordaría con mucho cariño, las conversaciones sobre su afición por jugar Pelota Paleta, en un club de barrio en las afueras de Rosario, del cual nunca retuvo el nombre, pero sí las anécdotas que le contaría su amigo sobre los parroquianos que habitaban el bar de la institución y compartían con los deportistas. El mas resonante era el viejo Alemán Claus, que se había escapado de la guerra cuando hundieron el acorazado GRAF SPEE en el Río de la Plata y se había refugiado primero en Buenos Aires y luego llegó hasta Rosario donde había conocido el amor y nunca abandonó el lugar. Ese era José, un tipo inteligente, para algunos soberbio, pero para Pablo era el hombre de las mil historias, que disfrutaba tanto, como sus consejos de vida por esos diez años de edad que los separaban.
Cuando sus viejos colegas lo invitaron a compartir una copa en modo de despedida, ya que el sepelio fue en su lugar de origen y la mayoría no pudo ir a acompañar a la Familia por la distancia y compromisos laborales, el muchacho no lo dudo y fue.
Entrada en esa reunión y cuando todos compartían alguna de las hazañas del homenajeado, Pablo se acercó a Rodrigo, quien había sido parte de esa sociedad inicial a mediados de los ´90 en los almuerzos de la planta envasadora. Y le consultó como habían sido los últimos días, si se veía venir este desenlace o había algo que lo preocupara, que le provocara el infarto que se lo llevó. Su compañero comenzó diciendo: “vos sabes cómo era José con el laburo, hasta que no terminaba o no conseguía lo que él quería no paraba”. Pablo asintió e invito a su colega que continuara y este lo hizo: “Viste que apuntaba con quedarse con la Gerencia General de la Distribuidora, bueno…lo consiguió. Pero el dueño de la Empresa le propuso qué para confirmarlo en el puesto, tenía generar una marca para sumar a la distribución y se quedó toda una tarde laburando en su vieja Oficina, la que tenía desde que trabajaba con Vos. Cuando llegaron a la noche la gente de limpieza, lo vieron recostado sobre el escritorio, pensaron que se había dormido y cuando lo fueron a ver, estaba muerto. Eso sí, antes ya había enviado el mail con el trabajo que le habían pedido y que le daría el Puesto que el tanto anhelaba”.
Pablo que había escuchado atentamente a Rodrigo, largó una pequeña risa nerviosa que su compañero no entendió y con la mirada más un gesto con su cara le pidió explicaciones. Entonces el muchacho comentó: “Este guacho negoció siete años más de los que le tocaban”. “¿Cómo? Inquirió su compañero. Pablo tomó aire y soltó su teoría diciendo: “Agosto de 1999. A José también lo despertó una persona de limpieza a la medianoche, se había quedado dormido trabajando sobre ese mismo escritorio. Ya que la reunión que tenía al día siguiente en Córdoba había sido suspendida por el Cliente y decidió adelantar trabajo administrativo. Cuando despertó tenía mil mensajes en su teléfono celular, al que le había bajado el volumen para poder concentrarse en su trabajo. Los audios de cada mensaje sonaban desesperados e inaudibles. Cuando llegó a su casa y prendió la televisión, se encontró con la noticia que el vuelo de LAPA que él debía tomar, se estrelló al no poder despegar y atravesó las barreras y la Avenida que bordea el Aeroparque Jorge Newbery, causando la mayor tragedia y víctimas en un vuelo de cabotaje en el País” y concluyó: “Para mí Josecito, negoció un tiempo mas para concretar sus objetivos, vivir con su nueva pareja, viajar por el mundo y conseguir ese puesto tan importante para él, pero esta vez la huesuda lo pasó a buscar en persona por ese mismo escritorio”.
Ilustrado por: @NEGROGODOY
