PRÓXIMAMENTE…EN ESTA SALA

Desde que se había mudado a Rosario treinta años atrás, sabia internamente que, si habría dos visitas inevitables a su Ciudad Natal…serían las muertes de sus Padres, que de hecho ya eran muy mayores.

Una ya la había realizado cinco años atrás…cuando falleció su Padre…y ahora le tocaba el momento de su Madre.

Pedro recibió la noticia por la noche de un martes de invierno, pero decidió dormir y viajar las dos horas que le tomaría por la Ruta Panamericana llegar hasta Zarate, por la mañana. Ahí debía encontrarse con algunos parientes y amigos. Para después acompañar el cortejo y despedirse a fin de la tarde. Su Esposa estaba de visita en la casa de la hija menor en Buenos Aires y también viajarían juntas por la mañana.

Su hijo lo pasó a buscar en su auto y emprendieron el viaje cuando ya había amanecido. A los pocos kilómetros recorridos, el muchacho encendió la Radio, la charla con su Padre quedaría para más tarde. Lo dejo respirar y perderse con la mirada en esas grandes extensiones verdes a los costados de la ruta, mientras él se concentraba en el camino que ya se había poblado de camiones que se dirigían hacia la Capital.

A pesar de eso, el recorrido fue más rápido de lo pensado. Cuando ingresaron por la Avenida Antártida Argentina, la que conecta la Ruta con el casco de la Ciudad, un sol brillante les dio de frente en el parabrisas. Pedro se hizo visera con la mano para poder ver a su alrededor y percibió el cambio de fisonomía de la entrada al pueblo. No podía creer la cantidad de casas, comercios y servicios a la vera del camino. Seguían eso sí, algunos montes añosos…como el de duraznos que estaba pasando el Aeródromo y detrás del cual, sobre un camino paralelo estaba la casa donde había crecido y la quinta de su Familia.

Al ver la pista de aterrizaje, su hijo le dijo a Pedro: “Che Viejo, ¿este es el lugar donde cayó el avión…ese, que me contabas vos, cuando eras chico?” señalando con la cabeza el monte siguiente. ÉL, se acordaba perfectamente de la historia, pero a su hijo solo le había contado una parte de lo ocurrido, el resto…lo guardaron Pedro y sus Padres durante años bajo juramento de no compartir, lo que habían vivido los días siguientes del accidente.

Los recuerdos invadieron de apoco su cabeza…

Era el inicio de la década del 50. Él, solo un chico de diez años con dos misiones claras, una ir a la escuela por la mañana y la otra ayudar a sus Padres con las tareas del campo junto a su hermana.

En una tarde tranquila, el sol hacía sentir su presencia a pesar que ya se iba recostando sobre la copa de los árboles que daban hacia el oeste.

Se vio a si mismo convertido en Pedrito, que se dirigía a dar de comer a los chanchos y un sonido metálico en el Cielo lo sacudió. Estaba acostumbrado al motor de las avionetas que pasaban cerca de su campo para aterrizar en la pista, mas allá de la arboleda.

Pero esa vez el ruido fue distinto, entrecortado, como cuando el motor de la chata de su padre intentaba arrancar y se ahogaba…miró al cielo y trató de orientarse, de pronto hizo foco en la maquina alada que volaba desde el lado del pueblo, envuelta en fuego a una altura inusualmente baja (se imaginó dentro de esas historias que escuchaba en la Radio sobre la guerra en Europa y sus combates aéreos sobre zonas Rurales). Siguió a esa bola de hierro y fuego con la vista…hasta verla caer dentro del monte de duraznos…luego una breve y sonora explosión hizo temblar el piso bajo sus pies y vio ascender una negra columna de humo. A los minutos se oyeron a lo lejos las sirenas de los bomberos y vio a su Padre subirse a la camioneta, para tomar el camino rumbo al accidente.

Durante la cena no se habló de otra cosa…el hombre de la casa, algo que no era costumbre, los mantuvo entretenidos con la charla de los por menores…aunque no pudo acercarse mucho, escucharon con otros vecinos, que la gente de la Policía y Bomberos, comentaban entre ellos, que eran tres personas atrapadas sin vida dentro de la avioneta, que supuestamente venían de cometer un robo en Uruguay, ya que estaban armados…pero no se encontró nada de valor dentro de la nave…

El día siguiente se fue en un suspiro, la escuela y de vuelta a la tarea del campo…como siempre antes de cenar a Pedrito le tocaba ir a dar de comer a las gallinas en el corral que estaba dentro del establo, donde guardaban el arado y otras herramientas…de pronto un bulto en el rincón donde juntaban la alfalfa para alimentar al caballo, se movió…el chico se asustó…pero la curiosidad lo empujó hasta el lugar.

Era el cuerpo de un hombre adulto, casi inerte y con la ropa llena de manchones de tierra y pasto, como si se hubiese arrastrado por el campo. Tenía el cabello revuelto y sucio también…le pareció un linyera…pero se detuvo en los zapatos y mas allá del barro en las suelas…daban el aspecto de nuevos. Se acercó mas y pudo ver que, abrazaba un bolso de cuero marrón, cuando de pronto… sintiéndose observado el hombre abrió por completo los ojos, mirándolo fijamente y dijo con una voz entrecortada y gutural “No tengas miedo pibe…no te voy a hacer nada”.

Pedro quedó petrificado, sus piernas no respondían al mandato de salir corriendo y no salía ni aire de su boca, para gritar del susto que se había llevado.

Nuevamente el hombre le dijo: “tranquilo pibe, no te voy a hacer nada, soy uno de los que venía en el avión que cayó acá cerca. Estoy muy golpeado y me cuesta caminar, pero ni bien me recupere me voy a ir de acá sin molestar…¿¿cómo te llamas??

El chico trago saliva y dijo muy suave: “Pedro”….”Escucha Pedro, Yo necesito esconderme un par de días, y después me voy…este tiene que ser un secreto entre vos y Yo, no tienen por qué  enterarse los grandes…y si vos me ayudas, yo te voy a dejar plata para que  puedas comprar algo lindo para vos y los demás”, estiro la mano derecha hacia el chico y continuó “¿es un trato Pedro?”… dudo, pero extendió su brazo y le dio la mano, cuando el hombre le esbozo una gran sonrisa que lo tranquilizo.

“Una cosa más Pedrito (dijo confianzudamente), necesito comer algo, cuando puedas y no te vean, me traes”.…a lo que este, confirmo con un gesto de su cabeza.

Pasaron un par de días, Pedro cumplía con su parte, le llevaba algo de comer y trataba que nadie se acercara al lugar ofreciéndose el a hacer todas las tareas en el galpón. Ya era de noche y después de cenar escondió comida en un trapo debajo de su ropa y salió de la casa. Cuando se la acercó al hombre, le consulto si ya se sentía mejor, como para irse…ya que los demás podían sospechar…y antes de encontrar una respuesta, escuchó la voz de su Padre detrás de él. “Pedro, que haces que no te vas a acostar”´.…y se detuvo abruptamente al ver un desconocido dentro de su galpón y grito…”QUIEN ES ESTE TIPO”…”QUE CARAJO HACES EN MI CASAAA” continuó…El tipo se levantó rápidamente y del bolso de cuero marrón que siempre apretaba sobre su pecho saco un revolver con el que lo apunto, mientras sus ojos se agrandaban y fruncía el entrecejo…que transformaron de pronto esa mirada cordial que había visto el chico…en la de un Perro rabioso. Pedrito levanto sus brazos y con los ojos llenos de lágrimas gritó: “me prometió que se iba a ir sin molestar a nadie…,váyase pero no lastime a mi papá…Yo no quiero nada, ya le AYUDE”. El hombre no lo escuchaba se acercó más al Padre con su arma apuntando directamente a su cara y el chico cerró sus ojos para no ver lo que seguía…cuando de pronto en lugar de escuchar un disparo…escucho un “plammm” metálico y un cuerpo que azotaba contra el piso de tierra, cuando abrió los ojos descubrió a su Madre con una pala ancha entre sus manos con la que había golpeado en la cabeza al desconocido que yacía sobre el suelo…

La mano de su hijo en el hombro, lo trajo a la realidad y escucho que le decía…”Viejo, ¿estás bien?, había estacionado a metros de la sala velatoria y vio a su Padre como ido…”Si si” respondió Pedro y bajo del vehículo. Entro lentamente, saludo con la cabeza a los presentes y caminó sin mediar palabras hasta donde se encontraba su Madre. Se acercó al cajón y al ver esa cara delgada y cruzada por mil arrugas…le pareció una pasa de uva blanca. De pronto se preguntó internamente, como esa mujer pequeña había dominado la pala con la que había derribado al desconocido aquel, hacía 50 años atrás…

Camino un rato por la sala, saludándose con cada uno de los que se acercaron a despedirla. Su esposa e hija, ya habían llegado, charlo un rato con ellas hasta que se acercó a un sillón donde estaban sus dos amigos de la adolescencia, Nelson y Juancito.

Pasaron un rato poniéndose al día de sus vidas hasta que Pedro paro la charla al ver entrar a su Suegra, nunca tuvieron una buena relación con él, ni con su Madre. Acompañada por una mujer joven y regordeta que la cuidaba, apoyándose en su bastón miró a Pedro y con la malicia de siempre le dijo: “ya estaba Vieja, en cualquier momento le iba a pasar”. Se apoyó en la chica y siguió para saludar al resto.

La cara de Pedro se transformó, no podía resistir las formas que tenía de decir las cosas su Suegra. Los demás trataron de calmarlo, pero el insistía…”que Mina chota, encima tiene 5 años mas que mi Vieja…y sigue acá…si hay un Dios, lo único que espero que se la lleve antes a Ella que a mi”

Sus Amigos trataron de rescatarlo del momento, cuando de pronto Juancito vio entrar a tres Señoras muy mayores, que se apoyaban unas a otras, con sus bastones caminando como en cámara lenta, eran las vecinas de la difunta y que no podía dejar de despedirla…Entonces les llamo la atención a los otros dos diciendo: “saben cómo les dicen a las tres que acaban de entrar”, Nelson y Pedro alzaron los hombros y movieron la cabeza de lado a lado como respuesta negativa…

“Les dicen… PELICULA de estreno”.…

”¡¡¡PROXIMAMENTE…EN ESTA SALA!!!”

Y tuvieron que salir casi corriendo a la vereda…para estallar en una sonora carcajada.….que igualmente los de adentro escucharon….

Ilustrado por: @negrogodoy

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