SEPARACIÓN DE BIENES

La jornada pintaba buenísima, un cielo limpio y sol pleno, hacían que el frío del invierno fuera más agradable. Y más, cuando este grupo de amigos, logró reunirse a compartir una mesa y un rico asado, al mediodía del sábado, en el “QUINCHO”, la parrilla cercana al Club.

Ese día, estuvieron presentes todos, ¿bueno todos?… todos los de “la mesa chica” del equipo, como así denominaban a los del grupo original. De los alternativos, o nuevos integrantes, por ahí faltaba alguno pero los del grupo inicial, el núcleo duro…siempre estaban presentes.

Ya avanzada la hora de la comida, entrando a la sobremesa y cuando se habían descorchado varias botellas de vino, ante un comentario negativo o historia deprimente, Pablito siempre tenía la respuesta irónica a mano para salir de ese momento bajón, diciendo: “Bueno pero…PEOR ES CASARSE” y sonaba más gracioso ya que era el único soltero del grupo. Fue ahí, donde se prendieron los demás como no lo habían hecho nunca, arrancando por Juanchi que dijo: “PEOR ES CASARSE Y…VIVIR CON LA SUEGRA”.

Adrián agregó: “PEOR ES CASARSE, VIVIR CON LA SUEGRA Y PAGAR ALQUILER”.

Raúl se sumó diciendo: “PEOR ES CASARSE… VIVIR CON LA SUEGRA, PAGAR ALQUILER Y CUANDO EL SUEGRO VENGA BORRACHO ENCIMA…TE QUIERA PELEAR”.

Todos estallaron en una gran carcajada, pero cuando nadie lo esperaba, apareció Delia, la dueña de la parrilla. Que además de cocinar, siempre atendía la mesa de los clientes habituales como esta y aportó su frase: “No muchachos, PEOR ES SEPARARSE”.

Todos se miraron sorprendidos y quedaron a la espera de un argumento de semejante comentario. Ya que, cabe aclarar que a esta altura, la señora de unos setenta años llevaba casi una década de viuda de su único marido. ¿Qué situación, la provocaba a esa reflexión?, fue entonces que Pablo la invitó a que contará que estaba pasando.

Delia tomó aire y arrancó: “¿Se acuerdan de El Toto (José Luis), mi hijo menor?”.

Claro que lo conocían a Totito, nunca le interesó estudiar una carrera tradicional, aunque participaba muy activamente en la parrilla y encontró en la cocina su profesión, pero había decidido ir a probar suerte como chef en Restaurantes y no quedarse a participar del negocio familiar, donde ya estaban sus dos hermanos mayores (Marisa y Roberto).

Juanchi la apuró preguntando “No me digas que se separó de la…Nona”. Toto llevaba como diez años conviviendo con la “NONA” (así le decían cargándolo grupalmente, ya que este se había juntado con una mujer varios años mayor que él), que tenía dos hijos. La relación entre ellos siempre había sido muy buena y no entendían que pasó.

“Si” dijo la señora y continuó. “Apareció anoche en la puerta de casa de LA MAMÁ, con el bolsito al hombro. Me dijo: Vieja, me haces un lugar por unos días, me separé de la Bety.(Beatriz era el nombre real de la Nona). Yo la sigo queriendo, pero en el último tiempo la diferencia de edad, la convivencia y demás cosas, hicieron que la relación dejara de funcionar. Nos vivíamos peleando por pavadas y a pesar que nos queríamos se hacía muy difícil seguir viviendo bajo el mismo techo, entonces tomé la decisión de irme”.

Uno de los comensales que estaba al tanto de una parte de la historia le dijo: “Delia, tomó la decisión porque lo descubrieron a Totito”.

La Madre del recién separado, tratando de suavizar la situación de su hijo prosiguió con el relato: “Si, bueno…en eso tenés razón, el nunca fue muy santo que digamos. Pero el chico desde que se fue a vivir con La Bety, se portó como un caballero. Según él, en el único momento de debilidad, por así decirlo, en todos los años compartidos, cuando quiso tirarse una cana al aire, su mujer se enteró. Motivo por el cual, si faltaba algo para empeorar la relación…. esto los llevó a una gran discusión. Y ahí, en un acto de calentura, en lugar de tratar de poner paños fríos y re acomodar la cosa, hizo el bolso, pegó un portazo y se vino para mi casa , que era el único refugio que le quedaba hasta que se pueda acomodar. Ya que la casa que compartían, La Bety la alquilaba antes que Toto formara pareja con ella”

Delia, tratando de poner mas en contexto a los muchachos, comentó que le preguntó si había cenado, pero cuando su hijo le dijo que no tenía hambre, que prefería tomar unos mates y como hacía rato que no compartían unos verdes con su hijo, fue rápidamente a poner el agua. Luego de un par de rondas en silencio, sentados a la mesa del comedor Toto comenzó a aflojarse y Ella lo instó a que hablara, que contara que pensaba hacer.

“Hijo, ya pasó, muchas parejas se separan. Pensá que sos un joven sano, tenés un trabajo que te gusta y encima ahora como encargado te deben pagar bastante bien…me imagino que habrás sumado un lindo colchoncito, como te decía tú Padre”.

La señora detuvo su historia, como para marcar una pausa y mirando uno por uno a todos, arremete diciendo: “Termino de decirle eso y El Toto abrió los ojos bien grandes, se sacó la bombilla de la boca y comenzó toser, alcanzando a poner el mate sobre la mesa. Cuando le calmó la tos, tenía los ojos vidriosos y llenos de lagrimas, que intentó secar con una servilleta. Cuando vi que se recuperaba le pregunte: Totito, estás bien? Que te pasó??. Me miró todavía con los ojos llorosos y me dice: Vieja…ME MANDÉ UNA CAGADA. ¡¡¡Tengo que volver a la casa de la Bety!!!. Entonces le pregunté si se había arrepentido, si le parecía sano eso de estar yendo y viniendo. Ya no sos un nene para andar haciendo berrinches, pegar portazos y al rato cambiar de idea. Pero no…no era eso. Me dijo que cuando le hice acordar sobre el COLCHONCITO, la forma que tenía mi marido de decirle a los ahorros, casi le da un ataque. Porque en el apuro de salir de la casa…se olvidó de eso. Sus ahorros no los tenía en su cuenta bancaria, la que le abrieron en el trabajo. Después de ver lo que nos pasó a nosotros con el CORRALITO bancario en el 2001, nunca más confió en los bancos. Y me dice que cuando lo pusieron de encargado del restaurante, no le blanqueo a su mujer cuanto ganaba, porque los hijos de La Bety gastaban como si la plata creciera en los árboles. Decidió que todos los meses cuando le depositaran el sueldo, iría a sacar la guita de la caja de ahorro, pasar por una cueva a comprar unos dólares y los encanutaría, para ahorrar o para cualquier eventualidad. Pero cuando empezó esta ola de robos y entraderas, se le ocurrió que tenía que buscar un lugar mejor en la casa, ya que encima era algo que no podía tener al alcance de la mano de todos, era su secreto. En ese momento se le ocurrió la feliz idea de embolsar los billetes, meterlos en frascos de vidrio y enterrarlos en el fondo de la casa, bajo unas plantas al lado del galpón de herramientas, ya que solo él andaba por ahí. Pero entre la calentura, la discusión, la bronca, etc. Se olvidó de los FRASCOS….¡¡¡El muy PABOTE!!!”. Terminó la frase con una sonrisa y tomándose la cabeza con las manos.

Uno de los muchachos, más chismoso que el resto, no dudó en preguntar: “Y entonces Delia, que pasó con Totito??, volvió con la Nona??, recuperó los frascos???”

La señora se tomó un instante mientras se paraba de la silla y comenzaba a recoger los platos y cubiertos, porque la sobremesa se había estirado demasiado y ya era hora de cobrar e ir cerrando la Parrilla. Mirándolo al curioso en particular dijo: “Y ahora El Toto, podrá darse cuenta que significa mi frase: PEOR ES SEPARARSE. Porque tiene que ir hasta la casa, le va a tener que blanquear su secreto a la Bety y verá si Ella, estará dispuesta o NO… a ser equitativa en la separación de bienes”.

FIN.

Deja un comentario

Scroll al inicio