Facu ya estaba listo y preparado. La mochila ya tiene todo lo necesario para el viaje, y hasta estuvo a punto de guardar su “Tablet”, pero recordó que su Abuelo José le dijo que él llevaba su Celular y era lo único electrónico para el fin de semana en el Camping junto al río.
Entonces, fue al garaje donde su Padre guardaba las cañas y tomó una para él y otra para su Abuelo.
Se paró frente a la puerta y espero a escuchar el sonido de la bocina de la Camioneta. Que a los pocos minutos llegó. Sus padres lo acompañaron hasta la calle, le susurraron que se portara bien y se despidieron de él afectuosamente. Seguido de la recomendación para el Abuelo de, “cualquier cosita nos llamas, Papá”.…a lo que José solo respondió levantando las cejas y una pequeña sonrisa complaciente, miró a su Nieto y le dijo “¿vamos?…el pibe asintió con la cabeza y les dijo a los demás…”nos vemos el domingo a la noche”.
El viaje no era largo, …tomaron la Avenida que los sacaba de la Ciudad, pararon en la Estación de Servicio del ingreso a la Ruta, cargaron combustible y siguieron. A los pocos kilómetros, tomaron la rotonda que los llevaría hasta el Puente que conectaba la zona suburbana de la Ciudad con la Isla. Cada vez que cruzaba el Puente, a Facu lo sorprendía desde la altura el cambio de panorama…una costa con colores grisáceos y altos edificios…y del otro lado un verde interminable de árboles, cortado apenas por unos hilos de agua de los canales, separados por esa gran vía marrón del Paraná de las Palmas.
Descendieron del puente y tomaron la Ruta 12 y en menos de una hora ya se encontraban estacionando en el Camping, frente a la cabaña que había reservado el Abuelo José, era una mañana soleada de fines de febrero, entrando al último mes del Verano.
El sábado pasó para Facu, entre chapuzones en la playa del camping, jugar con otros chicos que paraban también ahí y cuando fue cayendo la tarde, un rato de pesca en el muelle junto a la compañía de José que miraba entusiasmado cada vez que la boyita del mojarrero de su nieto se hundía un poquito. Después fueron a juntar algo de ramas y troncos para prender la fogata donde cocinarían las hamburguesas para la Cena.
Se hizo noche y luego de comer, avivaron la fogata, trajeron un par de reposeras y se sentaron alrededor del fuego, a contemplar la noche y a disfrutar como ya lo habían hecho en otras oportunidades de una charla extensa…hasta que alguno de los dos cayera rendido por el sueño…habitualmente era el chico.
El Abuelo inició la conversación, consultado sobre cómo había sido el verano, si en las vacaciones con sus padres hizo nuevos amigos, etc. El chico respondía con monosílabos, a cada pregunta de José, obvio de su edad. Estaba abandonando la niñez para dar paso a la adolescencia y en ese cambio, normalmente se vuelven menos comunicativos o expresivos.
Por eso José, interpretando las respuestas y sin perder de vista la mirada de su nieto, percibió dudas sobre su nueva etapa y …cambio las preguntas por afirmación, diciendo: “¡Te asusta la secundaria Facu!”. Mirando hacia el piso el chico se lo confirmó con un “Si un poco”.
“¿y a que le tienes miedo?” replicó José…Y cuando menos se lo esperaba, el chico dejo de lado las respuestas cortas y arrancó: “que se yo…a todo creo (levantando los hombros y hundiendo la mirada ahora en la fogata). El cambio de escuela, los nuevos compañeros, las materias, Profesores que no conozco…¿si habré elegido bien?”.…hizo un alto y dio un suspiro para continuar: “para tener una carrera”.
Entonces José manteniendo la vista atenta en su Nieto replicó: “Una carrera”??
“Si” dijo Facu, “Como vos y papá. Para ser alguien y tener cosas valiosas”.
El abuelo, se tomó unos segundos para responder, porque había quedado sorprendido con la última respuesta del chico. Y reflexionó:
“Facu…estudiar es muy importante…pero vos entras en una época donde te vas a empezar a conocer a vos mismo y a tus gustos. Ahí, cuando descubras que te gusta hacer y lo que disfrutas…vas a saber qué carrera elegir. Por otra parte, ser alguien en esta vida, no es el título que tengas…ser alguien es principalmente, ser buena persona. Y tener cosas valiosas…¿Vos sabes que es lo más valioso que tengo?”
El chico, casi sin pensar le mencionó “La Casa, la Oficina, la Camioneta…”
El abuelo, sutilmente levanta una mano y el chico detiene la enumeración…entonces, manteniendo un tono para que su Nieto, no lo tome como un reto…si no como un consejo le dice: “Vos me nombras cosas que se pueden comprar con dinero, y siguen siendo solo cosas, pero lo realmente valioso NO tiene precio”
“Entonces Abu, ¿qué es lo más valioso para vos?”
“El TIEMPO Facu…EL TIEMPO”. Por eso me gusta compartirlo con Vos” Dijo José y continuó:
“Vos, a tú edad, con muchos años por vivir… tal vez no lo valoras. Pero en unos años cuando termines tus estudios y tal vez te toque trabajar para otros, te vas a dar cuenta que no te van a pagar por lo que sepas o lo que hagas…te van a pagar por tú tiempo.
Entenderás que tus días, bien o mal aprovechados, no volverán.
Pero si tenés la virtud de invertirlo en: compartir momentos con la gente que querés, disfrutando de las cosas que te gustan, trabajando para vivir y no viviendo para trabajar…Te sentirás MILLONARIO.
Entonces querido Nieto, te propongo que seas él dueño de tú tiempo”.

Escrito por: DIEGO PAOLINELLI (@dpaolinelli)
Ilustrado por: NEGRO GODOY (@negrogodoy)
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Hermoso cuento Diego!!
Muchas gracias Anibal!!!!