EL NACIMIENTO DEL BUITRE

En el lejano mundo de VONDOM, convivían seres mitológicos y mágicos. Elfos, hadas, enanos, magos y brujas entre otros, en una aparente armonía. Cada uno en su comarca con los de su especie e intercambiando productos en los mercados comunes. Otro lugar donde compartían con las otras razas era el gran lago donde convergían los límites de cada poblado y era el centro del Reino.

Estas criaturas que habían logrado una buena coexistencia, no podían manejar la naturaleza, el nacimiento de los animales y la evolución de las plantas y flores, ya que el territorio, debido a las influencias mágicas que los hacía vivir en una eterna primavera, no era como en el mundo de los humanos. Lo que no se habían percatado, ninguna de las especies fue que, cuando pudieron librarse del ser oscuro, creador de orcos, una especie de zombis fabricados desde el barro a la vera del lago y articulados a través de las ramas muertas de los pinos, para causar caos y desorden en esta diáfana vida en común. Los restos inertes de estos, se volvieron a integrar con la naturaleza, ese barro aún mantenía la oscuridad y ánimo de destrucción que se les habían otorgado a cada uno de ellos y solo afectarían a las vidas animales que por instinto se dejaran llevar por esa fuerza y se la transmitirían con mas poder a otro animal que naciera solo y desprotegido.

Fue entonces, cuando una serpiente que vivía arrastrándose entre ese lodo, se ungió de esa oscuridad y al ver en un árbol cercano un nido con un pequeño huevo a punto de abrirse y ningún ave cuidándolo, trepo hasta alcanzarlo. Apenas llegó y el huevo comenzó a quebrarse, de este primero asomó un pequeño pico blanco y la cabeza, para partir definitivamente y en dos la cascara. Con los ojos ciegos el ave recién nacida, estiró su cuello desnudo y abrió grande la boca en busca del alimento materno. Pero no había nadie que se acercara a hacerlo, así que la serpiente vio la oportunidad y tomo con su fría boca una larva que se movía sobre la rama y la escupió dentro de la boca del pequeño. De esa manera sello el destino del recién nacido. El ofidio se quedó cuidando que nadie se acercara al nido, porque a través de esta nueva vida, la fuerza del ser oscuro crecería nuevamente. Siguió trayendo alimento hasta que en pocos días el cuerpo del ave se fue cubriendo de plumas y sus alas fueron creciendo ya podría tomar vuelo y servir así a su cometido. Fue entonces cuando su cuerpo fue cubierto totalmente por un plumaje dorado y cresta de un negro azulado. El áspid entre seseos le transmitió el mensaje de su Amo. Se le había dado el don de la vida, cuando su propia familia lo habían dejado desamparado en ese nido, tendría la capacidad de ser atractivo a las criaturas mágicas, de ellos conseguiría el alimento, pero no sería suficiente para mantenerse con vida, también debería de comer su energía y lograr apartarlos de sus casas.

Fue entonces que emprendió vuelo sobre las costas del lago. Al ver al primer ser mágico sentado solo bajo un árbol y con la mirada perdida, se acercó a él. Se posó sobre una rama y como este no había notado su presencia comenzó a gorjear y se lanzó sobre el agua en un vuelo fantástico que atrajo la mira del otro inmediatamente. Luego detuvo su vuelo y giró su cuerpo para quedarse en forma vertical y aleteando frenéticamente. Entonces, se levantó y se adelantó hasta la costa, el ave siguió su danza sobre el agua de aquí para allá, como si se deslizara sobre la superficie del lago. El elfo metió la mano en su bolsa y sacó un trozo de pan que se lo ofreció sobre su mano. El ave se acercó hasta el y aterrizo sobre un tronco a escasos pasos de él. Tímidamente y dando saltos pequeños se fue acercando y el joven se hincó para acercarle su ofrenda. El ave se subió a la mano y comenzó a picotear el pan y a trinar un canto hermoso, casi hipnótico. Cuando terminó trepo sobre la manga del abrigo de su benefactor, hasta llegar a su hombro. Se posó y continuó con su canturreo que poco a poco fueron provocando el sueño en el muchacho. Este, se recostó sobre una manta y el ave se mantuvo a su lado, para luego subirse hasta la cabeza del joven, lo que tomó como una muestra de cariño, a pesar que sus pequeñas patas le picaban su cuero cabelludo. En realidad, a través de sus garras le estaba tomando cada uno de sus pensamientos agradables.

El ritual se mantuvo los días siguientes, el joven elfo siempre procuraba llevar alguna provisión para alimentar a su emplumado amigo, sin notar que las horas se hacían extensas frente al lago y había dejado de cumplir con sus tareas en el poblado y a pesar de sentirse feliz escuchando los gorjeos del ave a sus oídos, estaba en una soledad casi absoluta. Sus fuerzas comenzaron a disminuir y se mantenía apartado de los demás seres, no quería compartir a su mascota con nadie.

El ave, aparecía siempre desde lo alto de los árboles de la costa, pero una tarde solo voló sobre la superficie del lago y paso de largo del muchacho para dirigirse muchos metros adelante hasta frenarse frente a la figura de un hada que refrescaba sus pies en el agua. Hizo unas piruetas, similares a las utilizadas con el elfo y la muchacha ofreció sus manos como nido. El ave se posó suavemente sobre ellas y comenzó a trinar un canto seductor, entonces ella salió del lago y tomó una fruta de una planta la partió y se la ofreció, el ave picoteaba y gorjeaba agradecida. Luego emprendió un corto vuelo y se apoyó en el hombro de la joven que sonreía entusiasmada y embebida en el canto al oído de su nuevo amigo. Miró hacia el hombro donde estaba el ave y  luego dirigió su vista hasta el espejo de agua para percibir la imagen completa. Pero su impresión le provocó un nudo en la garganta…esa hermosa y exqusita ave de plumaje dorado y penacho azabache, era una asquerosa ave de rapiña, con plumas negras y desprolijas y sus ojos eran de un rojo infernal. Cuando recupero el aliento ya dispuesta a sacárselo de encima, recibió un zarpazo sobre sus ojos y cayo ciega al piso, sin percibir que detrás de ella se encontraba el joven elfo que llegaba con una rama en sus manos para pelear por el amor de su mascota y las demás criaturas cercanas, creyeron que fue el quien había agredido a la joven hada que yacía en el piso y fueron tras él. Mientras tanto el ave tomó vuelo y fue en búsqueda de su próxima víctima, el caos había comenzado.

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