DULCE o AMARGO???

Pablo recordaba perfectamente ese momento en que se sintió grande, a pesar de sus apenas 12 años.
Para otras culturas, puede ser cuando llegan a la mayoría de edad, se van a estudiar a la Universidad o toman su primer empleo. Pero para los argentinos es cuando compartimos el primer MATE con nuestros padres.

Pablo había llegado a su casa luego de entrenar en el Club del barrio y vio a su padre sentado solo a la mesa, tenía cigarrillo apoyado en el cenicero aún encendido. A su lado y reposando una sobre servilleta de tela doblada, una pava de acero inoxidable, con la cual vertería el agua caliente (pero no hervida), dentro de un mate pequeño, hecho de calabaza lustrada. Lentamente agregaba el agua casi contra la bombilla plateada, para no mojar toda la yerba y tomando el recaudo de no rebalsar el contenido.
El muchacho saludó y su padre solo asintió con la cabeza, sin emitir sonido…su Viejo, no la estaba pasando bien y no entendía cual era la forma de salir de esa situación, ni como expresarlo en palabras. Pablo entonces en lugar de ir a ver televisión como de costumbre, se sentó frente a su viejo y extendió su mano sobre la mesa. El Padre, sirvió nuevamente el mate y lo acerco hasta el chico deslizándolo sobre la mesa. El chico agarró el mate y acercó la bombilla hasta sus labios, tomando la precaución al sorber de hacerlo suavemente ya que recordó que su Madre decía que su padre lo tomaba con el agua muy caliente. Sorbió y un sabor cálidamente amargo recorrió su boca, volvió a sorber y finalizó con el ruidito característico del mate vació de agua y lo devolvió al cebador con una sonrisa en sus labios. Durante los minutos siguientes, el diálogo fue ese…pasarse una y otra vez ese mate pequeño, en silencio…pero compartiendo un ritual que se repetiría a lo largo de los años siguientes, ya con charlas extensas sobre fútbol, política, trabajo, amores…la vida misma, con risas y lamentos.

En los años siguientes, durante su adolescencia, Pablo compartiría el mate con su familia, con los compañeros de escuela mientras preparaban algún trabajo en equipo o en los talleres y con los amigos del Club, luego de un partido o mientras disfrutaban del sol en el verano.


El muchacho, entendió que el mate no era solo una bebida. Obviamente asumía que era una infusión, con todas sus acepciones y gustos en la preparación (amargo, bien tradicional o dulce, para aquellos que les resultaba poco amable al gusto). Pero tomar MATE, eso es otra cosa…lo podía hacer en soledad, para hallar respuestas interiores a alguna inquietud. Mano a mano, como lo había hecho con su padre inicialmente y luego lo haría con algún amigo/a o novia, para ese momento de intimidad, que no necesita público. Y también en ronda, donde uno de los participantes tomaba la responsabilidad de cebar y repartir equitativamente el mate a cada uno. Transformando ese momento en una comunión extraordinaria, donde las charlas fluyen, se funden ideas y se generan lazos de pertenencias y hermandad. Una liturgia que había nacido muchos años atrás con los gauchos en los campos argentinos y ahora son parte de la cultura nacional, en todos los sectores sociales.


Cuando a Pablo le llegó su etapa laboral, a mediados de la década del 80 y con una Democracia recién iniciada, no podía creer que los distintos establecimientos o instituciones, estatales o privados, estuviera prohibido tomar mate. La hora (en realidad el momento) que se les otorgaba a los empleados para un refrigerio, no era bien visto EL MATE. Solo una taza de té o café y a lo sumo como una versión en taza usando yerba mate: el mate cocido.
Las directivas eran que no se podía tomar MATE, porque generaba reunión, distracciones, perdida de tiempo y eficiencia en el rendimiento de cada sector.
Por suerte, el muchacho desde su inició profesional encontró entre sus colegas (jóvenes y adultos), en cada empleo, personas que no compartían esas directivas…primero porque era como negar el gen argentino y además porque nunca desmejoró la calidad ni cantidad de su rendimiento. Es más, muchas de las ideas para mejoras en la calidad del trabajo surgían de esas “reuniones” donde el mate circulaba de mano en mano y se afianzaba el concepto de trabajo en Equipo. Pero se tenían que generar en la clandestinidad de las miradas obsecuentes.

Recordando esos momentos, fue que Pablo en una reunión con unos ex compañeros de una cervecería, con los que compartió tareas desde mediados de los 90 hasta principio de los 2000. Les trajo a la memoria, todos los lugares secretos donde se generaban los encuentros para tomar mate, en la época del montaje y luego de la puesta en marcha de la Planta: desde una gran casilla al lado de la línea de envasado, que los alemanes de una empresa contratista compartían herramientas y repuestos con los locales, que luego seguirían como operadores o técnicos de mantenimiento; a los que los germanos llamaron “Casa Mate”. O la gran pared de bolsas de cal que había armado el mismo Pablo en el almacén general, tras la cual había espacio para 2 o 3 compañeros, con su calentador eléctrico, un termo, un mate y un tarro con yerba. Todo cabía dentro del cajón que usarían de asiento.

Pero había una historia que pocos conocían y a Pablo le tocó vivir de cerca, por eso arrancó diciendo:

“Che se acuerdan de Manuel??”, si asintieron todos en la reunión. “El milico” sentenció uno del grupo y otro agregó: “Había sido capitán de fragata o de navío, bah no se que rango tenía”.

“Si si” dijo Pablo y continuó. “Se acuerdan que después de la puesta en marcha, el tipo pasó de ser el responsable del montaje a quedar como gerente de envasado??..bueno, un sábado a la mañana cuando, se hacían pruebas de producción y teníamos que ir a cubrir esos turnos, Yo estaba en uno de los contenedores oficina, que compartíamos los administrativos del área técnica con los Jefes y Gerentes hasta que terminaran las oficinas en planta, que por el plan iban a ser la etapa final”.

Todos miraban interesados al muchacho, pero sin entender a donde iba con el cuento…entonces continuó:

“Esa mañana, llegó Charly tipo 8:00hs (Charly, era Carlos, un joven ingeniero que hablaba perfectamente alemán e ingles y estaba haciendo sus primeras armas como jefe de mantenimiento).y se quedó conmigo un rato, repasando si había que hacer alguna compra local de repuestos o herramientas y además para no caer directo al taller (en construcción), y encontrar a su equipo tomando MATE y evitar un conflicto innecesario. Para lo cual, hacia contacto por radio (ya que no eran épocas de celulares) con alguien mantenimiento y era la forma de decir…basta de mates.
Pero ese sábado, Manuel apareció temprano, lo que no era muy habitual ya que viajaba desde la Capital a Zárate y dejaba el arranque de envasado a un supervisor. Y en su afán de ser controlador, en lugar de ir a su área, pasó por el taller, justo cuando el equipo de mantenimiento estaba reunido para definir tareas…pero tomando mate. La cara de Capitán ahora devenido en gerente de planta, lo dijo todo con la mirada…ni siquiera saludo y salió del taller pulsando su radio…y con su voz de raspada por los años de cigarrillo y el tono de mando que le había dejado su antigua profesión dijo:

“CARLOS para Manuel….CARLOS para Manuel”

El joven ingeniero respondió: “Adelante Manuel para Carlos”

“CARLOS…acabo de pasar por el taller y encontré a TÚ EQUIPO…TOMANDO MATES”…

Pero cuando Carlos se llevó el radio cerca de su rostro…Vi un brillo particular en sus ojos y dedicándome una sonrisa cómplice…. presionó el intercomunicador y le respondió con una pregunta:

“MANUEL–¿¿DULCE o AMARGO???

A lo que el viejo marino respondió:
“AMARRRRRGOOOO” y cortó la comunicación.

Entonces Carlos y Yo estallamos en una carcajada, sabiendo que no volvería a meterse con la hora del MATE del equipo de mantenimiento”.

FIN

Escrito por: Diego Paolinelli

Ilustrado por: Negro Godoy

9 comentarios en “DULCE o AMARGO???”

  1. Muy bueno , mismo asi se dice en algunos rincones de cafe que el mate es cosa de vagos jajajja porque fomenta el paro del trabajo, una cultura muy especial del argentino.

    1. Gracias Agustín por tú comentario!
      Uno que ha tenido la oportunidad de participar de esas rondas de mate, aprendimos a compartir y generar el trabajo en equipo. Espero que sigas buscando dentro de mis cuentos, historias que te identifiquen. Saludos

  2. Que buena historia en dónde se manifiesta empatía de alguien que entendió la importancia de compartir un mate en un tiempo de descanso. Felicidades Diego.

    1. Muchas gracias Luis Emilio! El mate nos identifica como esa sociedad (compleja) pero con un grado de amistad y solidaridad con el otro y los otros.
      Abrazo grande!!!

  3. Me encantó y coincido con el concepto de que compartir el mate en el ámbito laboral, no sólo genera la idea de reforzar el trabajo en equipo, invita a pensar en conjunto, genera encuentro, sino que despierta la mente, te mantiene activo por más tiempo. Aguante el mate, para mí amargo

    1. Muchas gracias Laura! Así es…estaba mal visto el mate en los ámbitos laborales…por suerte hoy es de uso común en las Empresas.
      Saludos!!!

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