Un joven está sentado en un banco de la plaza principal. Es temprano, la mañana empieza a clarear y parece haberse quedado dormido.
De pronto, siente que alguien le toca el hombro.
—Era hora de que reaccionaras. Ya va siendo momento de entrar en este nuevo mundo.
El muchacho levanta la mirada. Frente a él hay una persona de aspecto extraño, con la piel grisácea y brillante, vestido con una túnica blanca.
Amante de la ciencia ficción, supone estar frente a un ser de otra dimensión.
El hombre le sonríe calidamente y dice:
—Te tocó irte temprano.
Entonces, como un flash, el joven recibe toda la información que necesita recordar.
Volvía una noche del trabajo cuando sintió un fuerte dolor en el pecho. Después, nada.
Había pensado que todo aquello era un sueño.
—Dale, vení. No tengas miedo —lo invita el desconocido
.
El muchacho se observa. Su ropa ya no conserva los colores habituales: los ve desteñirse ante sus ojos. Su piel comienza a adquirir ese mismo tono grisáceo del hombre que tiene enfrente.
—Entonces… ¿estoy muerto?
—Sí, amigo mío.
—¿Y esto es el cielo?
—No.
—¿El infierno?
—Tampoco. Te toca transitar un tiempo en el que vas a tener que ayudar a otras personas antes de definir tu futuro. Te fuiste demasiado joven y todavía te quedaba trabajo por hacer.
El hombre le explica que será su guía durante esta nueva etapa.
Entonces, el joven comienza a hacer preguntas: ¿dónde va a vivir?, ¿tendrá frío?, ¿podrá volver a ver a su familia?
—Ya no sentirás ni frío ni calor. Podrás recorrer el pueblo donde moriste y, más adelante, tendrás la posibilidad de reencontrarte con los tuyos. También conocerás a otros como vos. Pero, por ahora, deberás cumplir otras tareas.
—¿Así que soy oficialmente un fantasma?
—Espectro, fantasma… Podés llamarte como quieras.
Los dos comienzan a recorrer la plaza y las calles del pueblo. El guía le explica las condiciones que deberá cumplir para seguir su camino hacia la luz o hacia las sombras, según sus actos.
El muchacho observa a las personas que pasan a su lado. Muchas le resultan desconocidas.
—¿Cuánta gente vive acá? Nunca me había dado cuenta de que había tantas personas.
—Viste cómo es. A veces, metido en tus propios asuntos, dejás de mirar a los demás.
Durante el recorrido, el joven descubre que hay otros fantasmas y que cada uno tiene una historia diferente.
Entonces ve a un hombre que camina lentamente por la calle principal.
Su ropa es blanca, con pequeñas manchas de distintos colores. Los botines, apenas visibles debajo de grandes manchas blancas, parecen negros. Tiene el pelo desordenado, la mirada perdida y la misma piel grisácea que él y su guía.
La gente pasa a su lado sin advertir su presencia.
—¿Ese hombre es como nosotros? —pregunta.
—Algo así, pero su historia es más complicada.
El guía le cuenta que aquel hombre había sido un humilde pintor de casas, bastante solitario, hasta que tuvo la suerte de ganar la lotería.
—¡Qué suerte! —exclama el muchacho.
—Después veremos. Te cuento.
Con el dinero, aparecieron muchas personas que lo trataron como un viejo amigo. Compró un auto lujoso, empezó a vestirse con las mejores marcas y frecuentó lugares a los que antes no podía entrar. Invitaba a todos, pagaba las cuentas y se rodeaba de personas que celebraban su nueva fortuna.
Por un tiempo, creyó haber encontrado una vida que nunca había imaginado.
Pero más temprano que tarde, el dinero se terminó. Y con él desaparecieron las invitaciones, los amigos y las sonrisas.
Hizo una breve pausa en el relato.
—Cuando se le terminó la plata, dejó de ser el campeón. Todos son amigos del campeón, y más todavía si tiene la mano suelta.
El joven vuelve a mirar al hombre.
—Qué triste.
—¿Viste? Hace un rato me decías qué suerte y ahora me decís qué triste.
El guía hace una pausa.
—Pero él es el fantasma más desventurado de todos los que quedamos acá.
El muchacho lo mira, desconcertado.
—¿Y sabés qué es lo más lamentable?
—¿Qué?
El guía vuelve la mirada hacia el hombre que camina lentamente por la calle.
—Que no es un fantasma. Es un alma en pena que todavía está vivo.

Escrito por: DIEGO PAOLINELLI (@dpaolinelli)
Ilustrado por: NEGRO GODOY (@negrogodoy)
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