EL SCRABBLE (Juego de palabras)

Sábado lluvioso de invierno. Mariela se encontraba de visita en casa de Pablo. Ambos decidieron que el tiempo no daba para ir a dar una vuelta y resolvieron compartir unos mates ahí, en lugar de ir buscar una cafetería abierta.

A pesar del tiempo que llevaban compartiendo juntos, había cosas que ella todavía no conocía de la casa. Y cuando buscaba un mantel para cubrir la mesa donde tomarían la merienda, descubrió una caja de cartón rectangular de color verde, que en la tapa tenía un recuadro rojo, donde se leía en letras blancas la palabra “SCRABBLE”. En letras más pequeñas, pero también de color blanco, sobre la base de la tapa se leía la frase: “Cada palabra cuenta”.

“¿Qué es esto?” consultó curiosa. Pablo la miró sorprendido, ya que no recordaba que esa caja había quedado guardada en ese pequeño mueble de madera que decoraba el living y en el que se amontonaban cosas para usar en esa sala. “Uuuuhhh el SCRABBLE” dijo él. Ellos no eran de los juegos de mesa, ni cuando se conocieron de adolescentes, ni ahora en su reencuentro de adultos. Siempre fueron las charlas (filosóficas, deportivas, políticas, cómicas, o de las subidas de tono) el entretenimiento cuando estaban a solas. Se tomó un segundo y continuó: “Es un juego de mesa, lo compré hace mil años y no me acuerdo cuento llevo sin jugarlo”. “¿Y de que se trata?” insistió ella. Pablo entonces tomó la caja y la puso sobre la mesa y mientras iba sacando la tapa, para luego sacar un tablero plegado y una bolsa de tela que contenían fichas dijo: “Es un juego de palabras cruzadas, según dicen el más famoso del mundo. Donde cada palabra cuenta, como escriben en la caja. Pero también cada letra”. El muchacho abrió la bolsa y volcó parte de su contenido, cada ficha tenía una letra grabada en el centro y pequeño un número que indicaba el valor de cada letra. Y sabiendo el espíritu competitivo de su compañera (y el propio), la invitó a jugar un partido. Ella aceptó rápidamente, pero no dejó pasar la posibilidad de chicanearlo diciendo: “Pero.….NO ME VAYAS A HACER TRAMPA EEEHHH”. “NOOOO” Dijo él, luego sonrió cómplice y tomó el pequeño librito que contenía las reglas del juego y las leyó con tono de presentador de programas de juegos en la televisión. Una vez listos comenzaron la partida.

Pero Pablo guardaba en secreto que, él había aprendido a jugar, cuando un grupo de chicos que habían sido alumnos suyos de taller (a pesar que solo los separaban escasos tres años de diferencia en edad) y sus amigas, cuando lo invitaron a compartir un quincho, una tarde de lluvia en el Náutico. Desde el principio le tomó la mano, dado el gran volumen de palabras que manejaba por ser un lector habitual y entendió estratégicamente como sumar la mayor cantidad de puntos por palabra y ubicación en el tablero. Y luego de ese verano de jugarl y ganar, incontable cantidad de veces, se sentía el Campeón del Scrabble. Y no pensaba confesárselo hasta que terminara su partido a su compañera, como parte de ese gusto por las pequeñas peleas de chiquilines.

En mitad del partido Pablo había sacado ventajas en el marcador sobre Mariela. Ella, aprovechaba para cuestionar la honorabilidad de su pareja, ahora rival. Entonces las palabras filosas y pendencieras volaban acompañadas de risas, desde uno al otro lado del tablero más rápidas, que las que se incluían en el mismo como parte del juego. En ese momento, el muchacho recordó que la época donde aprendió sobre el juego de palabras cruzadas, fue justo un año antes del verano que los encontraría a Ellos, Pablo y Mariela viviendo ese breve noviazgo, que tendrían presente hasta volver a encontrarse unos años más tarde e iniciar esta nueva aventura. Y que fue en ese mismo Club, donde sentados en un banco de listones de maderas color rojo, en la costa y mirando hacia el río ella le preguntó: “¿Vos, que sentís por mí?”. Fue ahí en ese instante preciso, que el joven locuaz, que había logrado evadir su timidez para estar con la chica que había esperado tanto tiempo, no encontró que decir. Por primera vez…se había quedado sin palabras EL CAMPEÓN DE SCRABBLE.

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