
Desde la puerta de la humilde casa, y apoyando solo en pie en el escalón de entrada el hermano de su Madre había corrido la cortina de tiras para mirar confianzudamente y sin pedir permiso el interior, con la impunidad que le había otorgado su padre, el Abuelo materno de Miguel y dueño de la propiedad donde sus padres habían construido su hogar.
“¡¡¡Che María!!,” le dijo aun apoyado sobre el umbral de la puerta, “Este que se cree? Bacán?”. Sonriendo maliciosamente y mirando al chico que estaba sentado a la mesa esperando que su madre terminara de cocinar la comida.
Siguiendo con su aire canchero de ser el primogénito de la familia y levantando el dedo acusador sobre todas la decisiones y acciones de su hermana y su pequeña familia, continuó: “vos crees que la plata crece en las plantas”, “¿¿que alguien te va a venir a buscar para darte algo mejor que Yo??”. “no tenés idea de la vida Pibe…claro, ¿a quién vas a salir’?”…”tiraste todo por la borda …todo”. “¿Y vos no le decís nada María?, sabes los favores que tuve que pedir para que lo tomaran a este…pero bueno, la manzana no cae lejos del árbol”. Después de descargar su monólogo venenoso y sin esperar respuesta del chico o su hermana, corrió las cortinas de la puerta y se fue para su casa, que estaba ligada por el fondo del jardín a las casas que compartían un mismo terreno donde vivían sus Abuelos y Miguel con sus padres en el medio…como para usarla de pasillo entre las dos casas grandes y más elegantes. María, dejó por un momento de cortar las papas que freiría el un aceite ya usado varias veces, se dio vuelta para ver a su hijo que estaba sentado a la mesa, con el codo de su brazo izquierdo apoyado y la mano de apoyo para su cabeza, con la vista perdida en un televisor apagado. “¿Estás bien Miguel?” dijo su madre con un tono cauteloso y bajo, como siempre se dirigía a los demás cuando les tenía miedo. Pero con su hijo, no tenía que temer. El chico levanto su cabeza y muy serio miró a su madre, para contestarle con un seco “Si”. Y María continuó: “vos sabes cómo es mi hermano”. Ella sabía que a Miguel no le gustaba que le dijeran que era su Tío, no lo soportaba, no quería ningún vínculo con ese hipócrita que andaba por todos lados dando lecciones de moral y rectitud, cuando se había quedado con una propiedad que era del Padre, que la mitad le pertenecía a María por derecho y nunca se atrevió a reclamar. “Mejor que no le respondieras Hijo, vos sabes en parte el hizo mucho por…” Pero Miguel no la dejo terminar. “¿Mucho? Dijo el chico con bronca….”el no hizo NADA”. Fui yo quien se presentó al examen de ingreso…Fui yo el que no faltó nunca a los cursos y fui yo el que decidió entrar justo al mismo lugar donde trabajaba él, porque todos lo veían como un ejemplo a seguir, Vos…lo Abuelos también, pero yo pienso distinto Má”. Un silencio de unos segundos se plantó en el comedor. Cuando la madre quiso acercarse, Miguel continuó “Sabes, no lo mande a la mierda porque esta es tú casa, y porque sé que después se la agarran con vos cuando no está Papá o yo”. María aprovecho la pausa para meter su consabido “No le digas a tu Padre”. “Ya sé vieja…quédate tranquila. Pero que yo me quedé callado, no significa que le tenga respeto a él o sus comentarios. Yo los quiero a vos y al Viejo…pero no quiero vivir la misma vida que les tocó a ustedes, no voy a permitir que me digan que debo hacer. Tengo claro que es lo que quiero y esa vida no es acá”.
