
No sé si será que paso la fecha de mi Cumpleaños…pero esto de las Redes Sociales y sus dichosos recuerdos, me atrapó viendo una de mis primeras fotos que subí. Era una foto en blanco y negro, estaba Yo de bebe (en mi comentario marcaba el detalle que “40 años después tenía el mismo corte de pelo”, o sea solo pelusa entre rubia y blanca sobre la cabeza), sentado en una sillita…sobre la bici de mi Viejo (él, muy joven…pelo negro y un jopo en la frente, una figura delgada y robusta a la vez…que no tengo presente haber visto con uso de razón, ya que para todos en mi infancia y adolescencia… yo era hijo del Gordo Luis), que él sostenía con una mano…mientras en la otra tenía un maldito cigarrillo. Esa foto la subí para mi segundo cumpleaños sin él para compartirlo.
Y me vino a la mente otra mañana de sábado más con Sandra en su Negocio…de charlas, mate y facturas (nuestro permitido semanal de harinas). El viejo había fallecido hacía un par de años, meses antes de conocer a mi Amiga. Esas amistades de grande, donde todo vuelve a ser sencillo como en la infancia (decir lo que uno siente…sin vueltas, y compartir las alegrías y las penas como propias) y con la experiencia de los años de no detenerse a contar las cosas que importan a esos Amigos y no al “decorado”.
Entre tanto repaso semanal, cosas que ya habíamos hablado, por supuesto. Me surgió contarle que había tenido un sueño con mi Papá…
En el sueño, me veía desde arriba caminando por el monte del Club Náutico junto a Él (cosa que nunca había sucedido realmente, ya que no le llamaba la atención como a mí). Seguimos avanzando, y pisamos la arena de la playa…seguimos caminando hacia el río y lo acompañó cruzando uno de mis brazos por detrás de su cabeza y sobre sus hombros…nunca habíamos sido muy demostrativos, ni tenido ese tipo de expresión de cariño. Camina lento, el peso de los años y tanta enfermedad también le pesaban. Nos acercamos al agua, y así vestidos como estábamos vamos ingresando al agua…sigo abrazándolo. El agua nos llega a las rodillas y pronto a la cintura…y veo como la imagen de mi Viejo se iba abriendo, como duplicándose y esa imagen se iba separando de nosotros…de espaldas y boca arriba veo su cuerpo duplicado flotar aguas abajo en dirección al Puente…cuando me veo a mi mismo mi brazo cuelga en el aire…la figura original de mi Padre…había desaparecido….
Ya te imaginarás que, hicimos nuestras propias conclusiones y búsqueda de mensajes oníricos, como buenos filósofos de Bar que somos…
Fue una hora…o más porque volvimos a llenar el Termo y renovamos el mate. Opinamos sobre como uno se aferra a los que no están, las cosas que faltan, los momentos las charlas y especialmente a como idealizamos todo. Hablamos de la Vida y de la Muerte…
Le conté como había sido experimentar la perdida de uno de mis Padres. Arrancamos por el peso de haber sido Yo, como el hijo mayor el responsable de transmitirle el diagnostico de su enfermedad, ya que su Médico (que me conocía de años), me lo había pasado telefónicamente un sábado a la mañana cuando yo estaba en la Costa jugando el que sería mi último torneo de Basquetbol…que fin de semana de Mierda.
Reuní a la Familia un lunes a la tarde en casa de los Viejos, para pasar el parte…esperando que mi Vieja no hiciera una de sus preguntas….
Sin dar muchas vueltas, les di el diagnóstico mirándolos en general y deteniéndome en él. Contar que lo que habían encontrado en su pulmón era malo (maldito cigarrillo, a pesar de haberlo dejado 5 años atrás…había plantado su semilla), que era necesario operar cuanto antes y luego comenzar con la quimio…Se hizo un silencio…e hicimos lo que habíamos practicado toda la vida, no expresar nuestros sentimientos con palabras, solo miradas (algunas, la de mi vieja y la de mi hermana llenas de lágrimas).
Mi Viejo me agradeció la sinceridad, dijo estar dispuesto a probar con la operación y la quimio…que ahora tenía ganas de disfrutar a su Nieta y prolongar un tiempo su vida (de la cual nunca fue Amante, no lo había tratado bien…y tal vez el permitió eso de alguna manera en lugar de tratar de hacerla suya). Para terminar la reunión me miró y me dijo: “No soy tan Boludo, si hubiesen sido buenas Noticias…me llamaban a Mí”. Uno de sus tantos comentarios, que le salían de su aprendizaje en la calle….
A partir de la Mala Noticia…tomé el hábito de ir a diario a visitarlo. Una hora, de charla y mate o cena. Hablar de futbol, del programa de Radio que había escuchado, de los cuentos de Sacheri y Fontanarrosa en la Voz de Alejandro Apo en su Programa “Todo con afecto” (al que fuimos a ver, como última salida juntos al Teatro Coliseo).
Y así transcurrieron esos días, entre charla y charla, me iba haciendo la idea de una despedida, cómo iban a ser los domingos sin sus asados (que nunca me enseño a hacer, no lo tomes como un reclamo…yo tampoco se lo pedí). Como este gringo criado en el campo por Padres grandes que lo dejaban en manos de su única hermana mayor (la cual merecería un capítulo aparte, pero fiel a mi forma de ser, ni la voy a nombrar). Se había vuelto comunicativo con el tiempo…contando historias de sus muy divertidos tíos solterones del campo, sus compañeros de la fábrica y otras yerbas…tenía que pasar tanta agua bajo el puente para verlo reírse.
También estuvieron esos otros días, donde el efecto de la quimio hacia mella en ese cuerpo en otros tiempos robustos y ahora de piernas flacas. Donde las charlas se transformaron en pedidos de calmar el dolor, “habla con el Doctor, y que te consiga la receta para morfina…no soporto el dolor”.
Las despedidas no pueden adelantarse, se dan cuando se tienen que dar…nunca antes y nada te prepara a pesar de así creerlo…
Sabes…cual era mi mayor preocupación…si iba a poder llorar cuando fuera el momento. Porque, con la edad me emocionan cosas sencillas…y me endurecí de tal forma que soporto los golpes, así…parado en el rincón como Rocky Balboa, sin emitir sonido.
Y llegó nomás. Una noche, me llama mi vieja desesperada que papá se moría…salí corriendo, yo vivo a la vuelta…llegue y él estaba tirado en la cama, en shock…no podía respirar. A tras mío llegan los de Emergencias médicas…los conozco a todos, uno de Ellos me aparta y me dice la novedad, lo trasladamos a la Clínica pero, solo le quedan horas. Asentí con la cabeza y agradecí con la mirada (por dentro lo puteé…piensa que no me doy cuenta el muy Pelotudo). Pero duro como era y con un corazón fuerte el Viejo transformó esas horas pronosticadas en días. Nos turnábamos con Mamá y mi hermana a cuidarlo durante el día y una Profesional lo hacía por la noche. Había pasado una semana, era de mañana…el turno de cuidado de mi Vieja…mi hermana en la Oficina y Yo recorriendo Clientes. Un sol de otoño hermoso sobre la ciudad…ya era casi el mediodía y me encuentro con un ex compañero de basquetbol, dueño un local de ropa céntrico y mientras estaba charlando con él en la vereda, suena mi celular y del otro lado la voz entrecortada y sollozando, mi hermana me dice “se murió Papá…se murió Papá, estoy en la Clínica” y como si hubieran abierto las compuertas…brotaron las lágrimas de mis ojos. Mi amigo no entiende nada y digo con la voz cortada “se murió mi Viejo”, me abraza y me calma…fueron segundos, pero aún hoy agradezco ese abrazo. No volví a llorar, en lo que duró el día, ni en la Clínica cuando lo vi sobre la camilla y bese su frente, ni durante el breve velatorio, ni cuando ingresamos su ataúd a la Cripta (que nos prestó por ese momento un Amigo de mis Viejos)… ni cuando acompañamos a mi vieja a su casa y con mi hermana nos fuimos cada uno a la suya.
Mi Amiga me mira y cuenta que Ella sabe que en algunos años (espero que falten varios), también tiene que enfrentar lo inevitable de sus Viejos… seguimos hablando de mi Viejo, para esta altura sin conocerlos, Yo a los de Ella y Ella a los míos por nuestras charlas. Le cuento sobre algunas de sus frases y mi teoría que ese día, ese miércoles…justo había vuelto su Médico de las Vacaciones y después de sufrir una semana hospitalizado, me parecía mucha casualidad que un par de horas después que lo viera, mi Viejo falleció…solamente Ellos dos sabrán si el Dr. Alivió su sufrimiento…
Terminamos de comentar eso…y de pronto se abre la puerta del negocio…era Norita.
Norita era una Cliente del Negocio…si se puede decir así, ya que siempre entraba y nunca compraba nada (o casi nunca, no tengo recuerdo de eso…pero no viene al caso). Una vieja pituca (o señora mayor supuestamente adinera, sin Señor que la festeje) para suavizar los comentarios vertidos sobre ella por mi Amiga, que no tiene freno inhibitorio a la hora de lapidar a alguien que no es de su agrado…la escucho en mi cabeza mientras escribo esto, levantando su voz ronca diciendo “esa vieja t…” y la sonrisa se me dibuja en la cara) que siempre usaba el negocio como escala antes de ir al café de la esquina con alguna amiga de turno. Mi Amiga me hace gesto de “otra vez esta pesada, ni se te ocurra moverte de acá porque no me la saco más de encima”. Atento a eso me quedo clavado en la silla frente a su escritorio.
Buenos días chicos (dice Norita). Buenos días (respondemos en coro). Revisa por enésima vez las cosas de las estanterías y sin decir agua va…y como si hubiese estado escuchando nuestra conversación, me mira y me dice. “Te conté que yo estaba cuidando una Amiga que estaba recién operada, en la misma habitación que estaba tú Papá…bueno…cuando paso lo de tú Papa”. Yo la miro y no me salen las palabras, siento a pesar de mirar a los ojos a esta mujer, la mirada de mí Amiga. Sin necesitar invitación alguna, sigue con su relato e insiste: “Yo estaba esa mañana en la habitación…cuando paso algo raro…”. Recupero la voz, e invadido por la curiosidad consulto: “raro?”. Y continua con el relato: “Si…raro! Viste que a tú Padre en esos días no se le entendía lo que decía, es más Yo veía que habitualmente cuando se dirigía a tu mamá lo hacía gesticulando con la mano e indicando con los ojos…bueno. Ese mediodía, tu papá le hace gestos a ella que le traiga agua y tu madre le dice “ya te traigo Luisito” (confirmando con esta frase la veracidad de la historia, ya que pocos sabían que ellos se llamaban por el diminutivo de sus Nombres). A lo cual tu Padre con una voz fuerte y enérgica, ya no pide si no ordena a tu madre que le vaya a traer agua. Tú madre se levantó de la silla, tomó un vaso y se dirigió al pasillo donde estaba el bidón de agua, cerrando la puerta tras Ella…Quedé sorprendida al oír por primera vez en días la voz de ese hombre, lo vi entonces cerrar los ojos y quedarse calmo. Pasaron segundos y tu mamá ingreso a la habitación con el vaso de agua, y en voz baja se lo ofreció un par de veces…hasta descubrir que ya no despertaría…y se lanzó a llorar sobre él mientras yo salí de la habitación para avisar urgente a las enfermeras”. Y cierra el relato concluyendo: “parece que sabía que se terminaba y no quiso que tu Madre vea ese momento.….”.
Golpean el vidrio del local, era la amiga de Norita que le hacía señas que ya iba para el café y nos saludó y salió tras Ella….
Hubo un momento de silencio, mil cosas pasaron por mi cabeza, será que sabemos que llega nuestro momento…me imaginaba a ese tipo cansado, de apenas sesenta y pico de años, pero que según él la vida le había pesado como más. Una infancia en el campo con Padres poco cariñoso, una vida adulta con trabajos mal pagos y una depresión (que le apagaron años, pero le dejaron según él una enseñanza dura), su refugio en el cigarrillo y mates…muchas veces en soledad. Prefirió esto último, la soledad para su final…Para que nada lo retenga, porque por primera vez podía elegir y él, eligió PARTIR….
Mi Amiga rompió el silencio solo para decir: “que loco, ¿¿¿nooo???”
(dedicado a Mi Viejo Luis Paolinelli, hoy estaría cumpliendo 81 años)
