LA SONRISA DE GARDEL

Hay un dicho entre la gente amante de la música en la Argentina, “El Tango te espera”.

Muchos de los que crecieron a fines de la década del 70, en sus casas paternas, los espacios de tránsito entre la cocina y el living, las mañanas fueron sonorizadas por las voz radial de Antonio Carrizo y su programa LA VIDA Y EL CANTO, por radio Rivadavia. Donde el tango era el estilo de música predominante. Pero para muchos de esos chicos, esas canciones eran demasiado tristes o melancólicas. Los que tenían hermanos o primos mayores, con acceso al dinero como para ir comprar a su gusto a las disquerias, descubrían en la música del incipiente rock nacional un sonido y letras mas acorde a sus juventudes. En esa misma década, el gran Astor Piazzola en entrevistas televisivas hablaba de músicos como: Charly Garcia o Luis Alberto Spinetta, diciendo que eran las voces que llegaban para modernizar al tango.

Con el correr de los años esos jóvenes, transitando las experiencias de la vida adulta: crisis, decepciones, perdidas y hasta viajes al exterior… al escuchar los clásicos del tango, los llevó a entender sus letras y hasta añorar la tierra donde habían nacido y su cultura.

La ciudad de Zárate, que durante gran parte del siglo veinte fue cuna de grandes compositores e interpretes, de la música ciudadana. Llegando a los años noventa, pocas eran las casas donde se escuchaban las audiciones tangueras, los tocadiscos fueron reemplazados por equipos de audio con reproductores de casettes y discos compactos, la televisión dejaba de lado sus programas del estilo también.

Pero al iniciar el nuevo siglo, trajo un reverdecer del estilo en la Ciudad. Por ejemplo, se podía ver y escuchar en vivo en locales gastronómicos céntricos al dúo compuesto por Leandro “Negro” Falótico en voz y a Matías Alvarez acompañando en piano, realizando notables versiones de los clásicos del tango, que los llevó a presentarse años después en grandes escenarios de Buenos Aires. Además, de músicos y cantantes, aparecieron destacadas parejas de baile que trascendieron las fronteras con su arte.

Algunos centros culturales se hicieron lugar para enseñar a bailar los cortes y quebradas a personas de todas las edades. Y para cuando la primera década estaba por terminar, mas precisamente a fines del año 2009, la ciudad fue reconocida como la Capital provincial del tango.

Las calles de Zárate, volvían a tener el aroma de “Naranjo en Flor”.

El anfiteatro de la Plaza Italia, se bautizó en su honor: HOMERO ESPÓSITO y desde hace años, se celebra al Tango con interpretes locales y nacionales en su escenario.

La ciudad que vio nacer artísticamente a Virgilio y Homero Espósito, Armando Pontier, Héctor Stamponi, entre otros. Tuvo la visita en tres oportunidades de la voz, que canta cada día mejor…si, el zorzal criollo “Carlos Gardel”.

Su última visita fue el 30 de Abril de 1933, dando dos funciones: Vermouth y Noche en el Teatro Coliseo. Y quedan las crónicas escritas de ese día, mas el paso del cantor por la Confitería MIMO, perteneciente al padre de los Espósito.

Pero de las visitas del Morocho del Abasto, la que más me llamó la atención fue la Primera. Cuando en una charla de Club, una Amiga que organizaba cursos de Guía Turísticos de Zárate, me cuenta esta anécdota (suministrada por José Coló, quien dedicó gran parte de su vida a la historia del Tango, en especial al Tango en Zárate). Y que en mi imaginación…se cuenta así:

Primera visita de Gardel en Zárate”

Corría el mes de Julio del año 1913.

El dúo formado por Gardel y Razzano, iniciaba una gira por Zárate y finalizaría en San Nicolas, Provincia de Buenos Aires.

La noche de su actuación, vecinos de la ciudad, cuentan que vieron al dúo tomando tragos en el Bar “El 25”, que funcionaba en Independencia al 800. Para luego ir a pasar la noche en el Hotel “El Globo”, que estaba ubicado en la esquina de intersección de las calles 19 de Marzo e Ituzaingó.

La mañana siguiente, en la recepción del Hotel “El Globo”, la señora Clotilde, una eficiente empleada administrativa y mano derecha del dueño del hospedaje, miraba fijo el reloj de pared, esperando que marque la hora de llegada de su jefe Don Paco, a las 10 de la mañana para su recorrida habitual de control, ya que él personalmente se encargaba en la tarde-noche de la recepción hasta su cierre a las 22hs, luego quedaba el viejo José como “sereno”.

Puntualmente a las 10hs, hizo ingreso el dueño al Hotel.

Don Paco era un gallego que había llegado a los quince años con su familia, por el 1880 a la ciudad y al poco tiempo de instalarse, comenzaron a alojar viajantes que hacían noche en la ciudad, para continuar su camino. De estatura mediana y algo regordete, vestía un traje gris oscuro, zapatos negros y sombrero negro. Una bufanda tejida por su esposa, le protegía el cuello y la boca del frio de la mañana invernal, que ya llevaba un mes. Al quitársela, dejaba ver un bigote finito y oscuro sobre su labio superior.

El gallego solo alcanzó a decir: “Buenos días Clotilde”, cuando la mujer lo apuró diciendo: “Buenos días Don Paco. ¿Vio usted al señor Gardel?”

El dueño del hotel, algo sorprendido por el ímpetu de la señora, mas que por la pregunta, se quitó el pequeño sombrero que ya no le hacia falta y dijo: “¿Verlo a Gardel?…No solo lo vi, ¡TAMBIÉN LO ESCUCHE!!!”, tomo aire y continuó relatando entusiasmando, como pocas veces se lo vio fuera de hablar de trabajo: “Y Razzano…que dúo, que dupla”.

La mujer intentó levantar la mano como para intentar decir algo…pero Don Paco continuó: “La gente se rompía las manos aplaudiendolos al final de cada canción. Pero con un silencio respetuoso mientras tocaban y cantaban”…y mientras continuaba metiendo frases casi sin respirar, parecía un vendedor de Feria. Además, no reparo en halagos para el cantor: “El fraseo de este muchacho, su presencia en el escenario y su sonrisa, me dicen que Gardel está signado a ser ALGUIEN IMPORTANTE en la música popular”.

En el momento que hizo un respiro, su empleada insistió: “Pero Don Paco…¿LO VIO A GARDEL o NO?…Ya en un tono de ansiedad y enojo.

Este respondió: “Pero mujer…¿no me acabas de oír lo que estaba contando?”….

Clotilde tragó saliva y respondió: “Si Señor…pero yo le pregunto, ¿si lo vio a Gardel, AHORA?”.

El gallego inmediatamente negó con su cabeza y consultó: “Y por que me preguntas si lo vi ahora??”

La empleada bajando su voz y con un matiz de preocupación dijo:

“Por que fui a su habitación a las 9, para avisar que estaba el desayuno. Cuando golpeé la puerta…se abrió y vi que la habitación estaba vacía, no estaban ni Gardel ni Razzano…y encima la ventana que da a la calle estaba abierta…Para mi que….SE FUERON SIN PAGAR”.

Fin.

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